EL MEIS: EL PRIMER MUSEO NACIONAL DE ITALIA DEDICADO A LA CULTURA JUDÍA PROPIA

Desde Toledo damos la bienvenida al nuevo museo judío de Italia, el MEIS (Museo Nazionale dell’Ebraismo italiano e della Shoah), un centro museístico equivalente, en el país transalpino, a la función que ostenta en España el Museo Sefardí desde su creación en 1964 como Museo Nacional Hispanojudío.

En 2003 el Estado italiano creaba, por ley, un nuevo museo nacional, el MEIS, que fue inaugurado en el mes de diciembre de 2017. Según esta ley, la misión del nuevo museo será la de dar a conocer la historia, el pensamiento y la cultura del hebraísmo italiano a lo largo de los siglos, con una particular atención al testimonio de las persecuciones raciales y a la Shoah en Italia. Se subrayará la importancia de la cultura hebraica nacional en la configuración de la Piezas propia cultura italiana. Además, el nuevo centro promoverá toda clase de actividades didácticas, encuentros nacionales e internacionales, exposiciones, cine y diferentes espectáculos que persigan el encuentro amistoso entre culturas y religiones diversas. En Italia ya había otros museos hebraicos de ámbito localista – en Roma, Venecia, Florencia, Bolonia, Casal Monferrato, Livorno, Siena y Lecce–, pero todos ellos eran museos de carácter privado gestionados por las propias comunidades hebraicas locales. El MEIS es el primero de carácter nacional y está constituido por un gran complejo museístico comprendido por siete edificios que alcanzan una extensión de unos 10.000 m2. El centro ha tenido un presupuesto de 47 millones de euros.

El nuevo museo se ha ubicado en el edificio de la antigua cárcel de la ciudad de Ferrara (provincia de Emilia-Romagna). El gobierno italiano ha elegido Ferrara porque es la ciudad del país donde actualmente más se siente la presencia judía milenaria que ha tenido esta nación. Los judíos vivieron en Ferrara durante al menos mil años en gran armonía con el resto de la población. Los duques de Este, gobernadores de la ciudad, no llegaron a prohibir la entrada de los judíos como sí hicieron otros estados italianos a raíz de la política iniciada por los Estados Pontificios, más bien todo lo contrario, invitaron a las comunidades judías desterradas de otros Estados. Por ello, a Ferrara llegaron los judíos expulsados de Roma, los de Sicilia, Alemania, Toscana o los sefardíes de España y Portugal. El duque Ercole I d’Este invitaba a los sefardíes hispanos, tras el decreto de expulsión de 1492 de los Reyes Católicos, a refugiarse en el Ducado de Ferrara. En la ciudad existen todavía tres sinagogas, un cementerio judío intramuros y un ghetto con calles en hebreo.

El MEIS se ha inaugurado con una muestra titulada «Ebrei, una storia italiana. I primi mille anni» donde se quiere reivindicar la importancia de la minoría judía en la conformación de los rasgos e identidades de las diferentes entidades que han configurado la moderna Italia. La exposición está integrada por más de doscientos objetos (monedas, amuletos, lucernas, anillos, documentos medievales…) provenientes de los principales museos del mundo (Museo Archeologico
Nazionale de Nápoles, Genizah del Cairo, Musei Vaticani, Oxford Library y Cambridge University, entre otros).

El museo quiere contar una nueva historia al precisar que Italia se ha construido también con los judíos y por los judíos. Que son, desde antiguo (desde la Roma antigua), parte del tejido y la riqueza del país, llegando a tierras italianas mucho antes que los longobardos, los normandos, los francos o los españoles. Los judíos han combatido en las guerras italianas, han contribuido al Risorgimento y tuvieron también un papel importante en la liberación durante la II Guerra Mundial. Secularmente, siempre han trabajado en el progreso del país; no por casualidad los judíos itálicos llamaron a estas tierras I-Tal-Ya, «la isla del rocío divino».

LA BIBLIOTECA DE LA CATEDRAL DE TOLEDO PARTICIPA EN LA EXPOSICIÓN INAUGURAL DEL MUSEO NACIONAL DEL HEBRAÍSMO ITALIANO Y DE LA SHOA (MEIS)

De viaje de ida y vuelta cabe calificar la colaboración entre instituciones culturales italianas y españolas en la difusión del patrimonio cultural hebreo. Los más de dos milenios de peregrinaje de las comunidades judías por la cuenca mediterránea han generado un acervo documental, arqueológico y textual de enorme valor, aunque caracterizado por su dispersión, por los vaivenes a veces imposibles y sorprendentes de una cultura material judía en constante movimiento. Centros de iniciativa estatal como el Museo Sefardí de Toledo o el naciente Museo Nazionale dell’Ebraismo Italiano e della Shoah de Ferrara (creado en 2006 y con sede en la antigua cárcel de Via Piangipane) se han propuesto valorar la historia silenciada de los colectivos judíos, convirtiéndose en espacios para la reflexión y el diálogo, la investigación y la difusión.

La primitiva diáspora romana del pueblo judío y las circunstancias que condicionaron un pasado de exclusión, persecución y destierro –no hay que olvidar la acogida de sefardíes expulsos en 1492 en la Ferrara de los duques de Este– hacenmuy necesarias visiones cruzadas e inclusivas de esta historia y, siempre, con una «perspectivamediterránea». Los comisarios de la exposición (Foa, Lacerenza y Jalla) han destacado acertadamente que a esa Italia medieval poblada de godos, normandos, bizantinos y árabes, o incluso a la Italia española de épocamoderna, antecede una Italia judía bien cohesionada y socialmente integrada que tejió sus redes e intercambios por todas las penínsulas delMare Nostrum, sin descuidar el norte de África. Después de la unificación de Italia, el camino de construcción nacional que llega a nuestro presente tampoco se entiende sin la contribución de la comunidad judía, que ha permanecido en la penumbra.

La exposición «Judíos, una historia italiana. El primer milenio», inaugurada en el MEIS el pasado 13 diciembre de 2017, es el acto fundacional de un museo todavía en proceso y el intento de iluminar esa parte del pasado colectivo. La muestra revisa los orígenes de la presencia judía en el país, en particular en su
zona sur, a través de más de doscientos objetos, desde el más intimista ajuar doméstico y religioso hasta ejemplos de la producción intelectual representada en la cultura escrita de manuscritos e incunables. En este punto, debe contemplarse la colaboración de la Biblioteca Capitular de la catedral de Toledo con el préstamo a la exposición de una copia del Libro de las genealogías de ben Palti’el, que pertenece a la serie de trece manuscritos hebreos que conserva su fondo antiguo y cuyo catálogo ha sido revisado recientemente con criterios modernos por Gabriel Angulo (2012, en su edición inglesa, y 2016, para la española).

La historia del ingreso de esta colección de códices hebreos en la Biblioteca de la catedral de Toledo revela una sorpresa inesperada, pues denota los profundos lazos seculares entre los territorios de «I Tal ya» y «Sefarad» y, en concreto, entre Roma y Toledo. La donación realizada a finales del siglo XVIII por el cardenal de origen español Francesco Saverio Zelada (1717-1801), con el concurso del arzobispo de Toledo Lorenzana, enriqueció la Biblioteca de la Primada con 32 códices hebreos que hasta ese momento custodiaba en Roma. Hasta entonces, quizá el texto en hebreo más importante de la Biblioteca Capitular era la Biblia Políglota de Cisneros (1517-1522). La presencia del manuscrito catedralicio en la exposición de Ferrara lo devuelve así al suelo italiano de donde salió en 1798 huyendo del desorden y del clima bélico que se vivió en los años de la República Romana, resultante de la invasión napoleónica.

Los alrededor de 1.500 manuscritos de la exuberante biblioteca personal que el Cardenal Zelada atesoró en el Palazzo Margani Conti de Roma se encontraban ya a finales de 1800 en la Biblioteca Capitular de Toledo, donde fueron inventariados por el agustino Lorenzo Frías. Entonces la catalogación de estos códices «en lenguas orientales» fue dificultosa por la barrera lingüística, pero se solucionó en parte con el envío en 1816 desde Roma de un índice de los libros que había redactado Battaglini, bibliotecario de Zelada. Ayudó también la descripción latina que incorporaban, obra del hebraísta Giovanni Antonio Constanzi (1704-1778), intelectual con una historia personal fascinante: nacido en Constantinopla, converso del judaísmo al catolicismo en Alemania, y al servicio de la
Inquisición romana de Paulo IV en la censura y expurgo de los libros confiscados en 1753 del gueto judío de Roma. Constanzi debió de relacionarse con el Cardenal Zelada en la cancillería vaticana y suministrarle estos manuscritos que habían sido requisados, procedentes en última instancia de juderías de toda Italia. La biblioteca de Zelada se vio así favorecida con un lote de manuscritos hebreos medievales, con un rango de fechas que iba del siglo XII al XV. Eran tiempos de presión sobre la comunidad judía de Roma, que rompía con la tradicional tolerancia e incluso protección que los pontífices habían dispensado a los judíos y se centraba en especial en la vigilancia de los libros por parte de la censura inquisitorial, responsable de confeccionar el Índice de prohibiciones. En
este clima represivo y proselitista, el propio Cardenal Zelada ejerció de visitador de la llamada Casa de los Catecúmenos, de donde no solo debieron de salir nuevos fieles cristianos procedentes de la religión judía, sino también los valiosos manuscritos hebreos que acabarían por reposar en las estanterías de Toledo.

A nivel interno, el conjunto de manuscritos hebreos de la catedral de Toledo muestra también el vigor de los intercambios culturales entre España e Italia, ya que sabemos que, por ejemplo, uno de los libros de tema bíblico fue copiado en Sevilla en 1471 y provenía del mundo de Sefarad. El abanico de asuntos de estos códices es amplio y no solo atañe a la literatura bíblica y rabínica. Hay muestras de oraciones litúrgicas, prédicas y explicaciones de rituales populares
practicados en las fiestas judías (las tradiciones fúnebres, la ceremonia del degüello, el ayuno, etc.), así como reflexiones de tema filosófico o lingüístico. Finalmente, algunos códices se desligan de la tradición religiosa, del Talmud y la Torah, para centrarse en el estudio de la historia desde un punto de vista más secular. Es el caso del códice que ha ocupado una de las vitrinas de la exposición del MEIS.

Se trata de la denominada Crónica de Ahima’as, titulada Sefer yuhasin, que traducida libremente nos daría algo cercano a un «Libro de los ancestros». Esta especie de crónica familiar en la que historia, religión y tradiciones inmemoriales se entretejen fue escrita en el año 1054 («en el año cuatro mil ochocientos
catorce de la Creación delMundo») por el erudito Ahima’as ben Palti’el, en la ciudad campana de Capua. Por tanto, nos remite al sur de Italia, entorno de fuerte arraigo de enclaves judíos condicionados por su pasado helenístico y bizantino. La Biblioteca de la catedral de Toledo conserva dos manuscritos de esta obra: el más antiguo, el BCT, 86-25, fue redactado en el siglo XIII por escribas judíos de tradición bizantina. Por su parte, el segundo manuscrito (BCT, 86-24) fue copiado en el siglo XVII e incluye una traducción del hebreo al italiano de este Sefer yuhasin, que ha animado a los comisarios a seleccionarlo para la exposición.

Ahima’as construye en esta obra la memoria del linaje familiar desde la llegada a Roma de los judíos cautivos de Jerusalén con el emperador Tito. A partir de ahí trata de resaltar el ascenso social de la familia y sus conexiones con las élites gobernantes, siendo una fuente fundamental para acercarse a cómo era la vida cotidiana en las juderías urbanas y rurales del sur de Italia entre los siglos IX y XI. De la mano del autor viajamos desde Babilonia hasta Oria, pasando por Palestina y Túnez, a través de las historias de vida de sus antepasados y parientes, todos ellos migrantes, viajeros o exiliados. Como ha mostrado Roberto Bonfil en su traducción al inglés, la Crónica de ben Palti’el no renuncia a insertar explicaciones míticas en esta suerte de historia familiar: en este punto es característica la leyenda del sabio Aarón de Bagdad y su encuentro con un antepasado de Ahima’as llamado Sefatias, mediante la cual se interpreta el divorcio entre las escuelas talmúdicas de Babilonia y Palestina, que tuvo su traducción en las sinagogas y yeshivás de Italia.

Isidoro Castañeda Tordera

Archivo y Biblioteca Capitulares Catedral de Toledo

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